A menos Estado, más mercado – El País

A menos Estado, más mercado

18 julio, 2019 | 4:10 am | Columnistas
A menos Estado, más mercado

Héctor A. Martínez
sabandres47@yahoo.com

La gente comienza a ver como un fenómeno natural, las altas tasas de desempleo; que los hospitales estatales ofrezcan servicios de tercera categoría, o que los “maestros” y “médicos” se tomen dos me­ses para protestar -según ellos-, por las ma­las intenciones del Gobierno de privatizar ambos servicios en detrimento del pueblo. Normal resulta, para la mayor parte de la población, que la gente emprenda viaje en las caravanas de migrantes, porque aquí, hasta la solidaridad escasea, y por ello no hay más remedio que armarse de valor y largarse de estas tierras.

El culpable, para la gente es, desde lue­go, el Estado y, en este preciso momento, el Gobierno del presidente Hernández. Es natural: la gente ya no sabe a quién echar­le la culpa de los fracasos y las desilusio­nes. Las masas desilusionadas necesitan nombres, y nombres actualizados. Des­pués vendrán otros que los sustituyan.

De a poco, el Estado ha ido despren­diéndose de muchos de los servicios ofre­cidos a un bajo costo a pesar de la pési­ma calidad de las prestaciones. De igual manera, el radio de acción -o la cobertu­ra como suele llamarse-, siempre ha deja­do a una buena parte de la población, ex­cluida de los beneficios institucionales. En vista de ello, y, ante la ineficacia plas­mada en los resultados de los indicadores más sensibles, el Estado comenzó a hacer­se menos visible con la oferta que tradi­cionalmente había brindado, muy a pe­sar de los ciudadanos y muy a pesar de la legitimidad del poder político. La reduc­ción de los servicios hace que la gente se sienta cada vez más desamparada por el Estado, por lo que, no es de extrañar, que surjan falsos líderes conminando a la po­blación a unirse en contra de las decisio­nes reformistas del Gobierno.

Con esta minimización paulatina, el Estado, a instancias del FMI y del BM, busca alcanzar dos objetivos: uno, la re­ducción de los costos para dirigirlos ha­cia prioridades en el gasto, y el otro, efi­cientizar los recursos para generar ser­vicios focalizados hacia los más pobres. Toda esta debacle ha generado demasia­da confusión: si el Estado se reduce, en­tonces ¿Quién se hará cargo de las nece­sidades de la población de escasos recur­sos? Una de las consideraciones se basa­ría en que la empresa privada tome la ini­ciativa, y sus líderes comiencen a sugerir actividades puntuales para ocupar los va­cíos dejados por el Estado, al menos con sus colaboradores en planilla.

Eso significa, que los tiempos que co­rren son muy delicados para la estabili­dad del sistema; y la autoridad y el orden no podrán sostenerse con remesas ni con gases lacrimógenos.

¿Habrá alguna manera de detener esta calami­dad que, huelga resaltar, es un problema a nivel mundial, lo cual no nos exime para buscar solu­ciones locales y resolver momentáneamente los contratiempos globales? ¿No será tiempo ya, que la empresa privada junto con los líderes políticos de valía que son los me­nos, puedan diseñar una estrategia nacional, a cor­to plazo, en primera ins­tancia, para bajarle unos grados a la crisis?

Creemos en una verdadera estrategia de Responsabilidad Social Empresarial -no en actividades superficiales- como la solución parcial a los grandes desafíos de esta orfandad generada en la esfera glo­bal, acentuada en nuestras tierras por go­biernos irresponsablemente despilfarra­dores y corruptos.

Es tiempo de dejar de ver a los toros desde la platea de la rentabilidad a bajo costo. Ha llegado la hora de hacer a un lado la siembra de arbolitos y el recicla­je de envases plásticos para salvar al pla­neta: ahí mismo, dentro de las empresas, los programas sociales para sus “colabo­radores”, están esperando por la aplica­ción de verdaderos proyectos de vida fa­miliar. Está clara la cuestión: a menos Es­tado, más mercado.

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