Ejemplar y renovador – El País

Ejemplar y renovador

13 julio, 2019 | 5:10 am | Editorial
Ejemplar y renovador

En Honduras nos declaramos permanentemente como una sociedad creyente en Dios, en su mensaje y su esperanzador gesto de reivindicación del Hijo de Dios cuyo mensaje viene a dar un sentido a nuestra sociedad en estos momentos tan necesarios. El tema es el de dejar a un lado los rencores, los odios, los prejuicios y las mentiras que nos llevan y traen a través de cualquier medio, llámese redes sociales y hasta los chismes del barrio.

En los últimos tiempos hemos estado sumergidos por la causa de unos pocos que no creen en estas cosas y se han dedicado precisamente a sembrar esa semilla de cizaña y separación porque saben que el mandato diabólico es que “todo reino dividido no prevalece” y esa es la consigna, tenernos así, divididos, sumergidos en la duda y la incertidumbre.

Los aparentes causales son los jaloneos políticos como una especie de plataforma para competir con el ego y con la obtención de la razón ante la más mínima discusión caracterizada por la intolerancia y la ofensa. La idea es “pulverizar” al contrario y dejarlo en ridículo para después convertirlo en pasto de las llamas de la sobremesa de los cotilleos y burlas entre sus pariguales.

En estos días vemos el inmenso ejemplo del Buen Samaritano, que nos da como un modelo de vida la misma Palabra de Dios, en la cual decimos creer, tal como se establece incluso en nuestras leyes. El mensaje es presentado por el propio Jesús de Nazaret ante un maestro de la ley: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”».

No cabe duda que al final se presenta con nuevas interrogantes ante ese mismo funcionario: «¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?   Él dijo:

«El que practicó la misericordia con él». 

Jesús le dijo:

«Anda y haz tú lo mismo».

Solo es de tener un poco de entendimiento ante la contundencia de la recomendación, hacer lo mismo de aquel hombre que se compadeció de su prójimo, que, a pesar de la enemistad política por ser uno samaritano y el mal herido era judío, no se puso a pensar “políticamente” con sus obvios prejuicios y puntos de vista, no, simplemente le auxilió con el sentido verdadero de la solidaridad.

A eso estamos llamados y ya no poner atención a aquellos que solo quieren la ruina y la destrucción, por una Honduras en paz y con permanente esperanza, quien tenga oídos, que oiga.

 

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