Curarse en salud – El País

Curarse en salud

2 julio, 2019 | 5:10 am | Editorial
Curarse en salud

En Honduras decimos que cada veinte años se presenta un huracán de efectos catastróficos. Lo hemos visto con el Fifí en 1974, el Mitch en 1998 y sumando veinte años más habríamos pasado por algo semejante en 2018; como quien dice, estamos en “tiempos extras”. Sabemos de la vulnerabilidad de nuestra zona geográfica ante las embestidas de tormentas y huracanes, sumado a cualquiera de los azares del cambio climático con las sequías y la irregularidad en las precipitaciones.

Lo que antes fue ley ahora se ha convertido en albur en cuanto a la predicción del estado del clima. La rica biodiversidad de Honduras se encuentra bajo presión por la sobre demanda de los productos agrícolas y forestales. Cambio de uso de la tierra para los cultivos y el sector logístico son responsables de una gran parte de las emisiones del país. Por otro lado, el cambio climático afecta a sectores importantes del país, incluido el sector agua dada la cada vez mayor irregularidad de las precipitaciones. Por todo ello, el Gobierno decidió evaluar las opciones de mitigación para hacer frente a uso de la tierra y los aspectos de transporte, así como evaluar las acciones de adaptación para abordar los impactos del cambio climático en el sector del agua.

Un dato muy interesante es que Honduras tiene una cobertura forestal del 46.9% que está disminuyendo. El sector contribuye con el 2% del PIB, cabe mencionar que aproximadamente el 40% de la población rural está asentada en tierras de vocación forestal. Se nota la disparidad entre la densidad poblacional y la aportación a la generación de riqueza con un sentido inversamente proporcional a causa de la falta de acceso a financiamientos y las gestiones de erradicación de la pobreza que han sido muy difíciles.

Estamos en una especie de péndulo que oscila entre la incertidumbre y la planeación estratégica en función de la seguridad alimentaria ya que la disposición del agua para ello debe ser y «el aumento de la temperatura media anual y la disminución de la precipitación que se prevén para el año 2030, debido a efectos del cambio climático, tendrán impactos significativos en la agricultura de todo el país.

En consecuencia, es probable que las áreas aptas para los cultivos que sustentan las exportaciones agrícolas y la seguridad alimentaria campesina cambien en el futuro. Algunos municipios ganarán aptitud productiva para ciertos cultivos, otros la perderán. Además, la capacidad de la población rural para adaptarse a estos cambios, tanto si representan una pérdida o una ganancia, depende de su acceso a servicios básicos, acceso a información, recursos para la innovación y ecosistemas saludables».

La población debe entender que ciertas actividades como la deforestación indiscriminada y malas prácticas agrícolas repercuten en sus propias zonas en que residen, ya que la erosión o deslave del manto de humus y vegetación tráela misma desolación y desertificación sin contar el efecto de víctimas con el fenómeno presente de un temporal o huracán en un momento dado.

El sentido es la prevención, por la seguridad y la vida de todos, los ciclos de la naturaleza siempre se cumplen y no podemos bajar la guardia y vigilancia.

 

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