La proclama del “basta ya” – El País

La proclama del “basta ya”

11 junio, 2019 | 5:10 am | Editorial
La proclama del “basta ya”

Ha dado que hablar ese mensaje de los obispos. Muchos para reflexionar sobre lo que expresa la Conferencia Episcopal en su proclama, algunos para celebrar lo expresado interpretando lo que dicen a su manera, otros para desestimarlo como un pronunciamiento político. En fin, cada cual lo ve con el color de los vidrios de los anteojos que tiene puestos. Inician, refiriendo lo que es de público conocimiento. “Que los principales problemas que más preocupan a la ciudadanía son el alto costo de la vida, el crimen y la violencia, el desempleo, las deficiencias graves en los sistemas de salud y educación, la corrupción”.

Sin embargo, influenciados por el bullicio reciente, mencionan otros temas: “Hay otros problemas que son igualmente susceptibles de provocar conflictos, tanto o más graves que los que estamos viviendo en estos días, en referencia a la salud y la educación: problemas en la forma de legislar del Congreso Nacional de Honduras, problemas en las decisiones del Ejecutivo, en las crisis de empresas estatales, en los servicios de energía, agua, transporte, etcétera”.

Luego ofrecen una apreciación de lo que seguramente fue objeto de debate entre los sacerdotes que asistieron al cónclave. “Si cada problema deriva en conflictos como el que ahora estamos viviendo, acerca de los sistemas de salud y de educación, y si cada conflicto es manejado con la misma ineficiencia, las consecuencias pueden hundir a Honduras en una crisis muy difícil de superar”.  “Por eso, se hace aún más dolorosa y comprensible la indignación de la mayoría de la población, el sufrimiento de los más pobres, la decepción de los jóvenes, el miedo de los migrantes, la angustia de los enfermos, la impotencia frente a la corrupción y la impunidad, el cansancio de quienes luchan por una Honduras mejor sin ver resultados”.

Pero arrecian en su apreciación: “Creemos que la gravedad que adquieren muchos conflictos se debe, en primer lugar, a la forma incorrecta con que los manejan los poderes del Estado; en algunos casos siendo los causantes del problema y, en otros, por no saber resolverlos con los recursos propios de una democracia participativa, y dejando que el paso del tiempo haga que se resuelvan por sí mismos, cuando en realidad solo se agudiza su conflictividad”. “Otro ingrediente que agrava los conflictos es la politización que los complica aún más, introduciendo dobles agendas y empañando la claridad de los objetivos por los que se lucha”. En esto dieron en el clavo. El aprovechamiento de los políticos de los conflictos de los reclamos de otra naturaleza para llevar agua a su molino sectario. Allí fueron arropados con la bandera dirigentes políticos con fin de figurar, pero que su presencia fue ignorada por las multitudes, y otros que no dejaron de meterle fuego a la hoguera para que lo complicado acabe por descomponerlo todo.

“No dudamos de que las manifestaciones de protesta tienen la intención de ser pacíficas —sostienen los sacerdotes– pero permitir la infiltración de elementos violentos desmerita la finalidad que persiguen y conculcan otros derechos de la población que también deben ser garantizados”. “La responsabilidad de la Policía es garantizar el orden y la seguridad de toda la población. Sin embargo, algunas actuaciones policiales pueden calificarse como de fuerza desproporcionada y con esto añaden otro elemento de gravedad a los conflictos”.

Aquí, así como descargan hacia un lado de la ecuación, debieran ser igual de severos con el otro lado. Es inaceptable el vandalismo, los métodos violentos de manifestarse, la destrucción a la propiedad, el atentado contra la seguridad de las personas, como poner en riesgo la vida del prójimo. Concluyen preocupados: “Una Constitución violada cuantas veces convenga, unos poderes que no son para nada independientes, un Congreso que se ha convertido en un teatro de pésimos actores, dándole la espalda al pueblo. La necesidad de un poder electoral que garantice la transparencia de los sufragios y destierre de una vez por todas los delitos electorales.

Unas instituciones del Estado quebradas por la corrupción, una paralización de la economía, sobre todo en el agro, una vergonzosa venta de los bienes naturales de nuestra tierra. Una falsa reforma del Código Penal, que simplemente lo convierte en un instrumento de protección a los corruptos y narcopolíticos, con apariencia de ser mejor por el hecho de endurecer las penas a los supuestamente más “peligrosos”, que acostumbran a ser los jóvenes marginados y los pobres desesperados por subsistir”. Esto, y mucho más, hace brotar de nuestros corazones un ¡Basta ya!

 

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