Paciente y pupilo – El País

Paciente y pupilo

6 junio, 2019 | 5:10 am | Editorial
Paciente y pupilo

Muchos sabios atribuyen a la bondad como una de las virtudes máximas, sino la mejor, de todas las que pueda tener el ser humano. El texto sagrado recoge ese concepto ante la renuencia de Dios por los holocaustos y pidiendo tan solo a la humanidad el ejercicio de ser buenos. Precisamente esa es una característica notable de un apóstol como un médico o un maestro. En Honduras podemos decir que tenemos la mejor calidad humana del área en estas disciplinas del saber. En ambos casos se llega al alma del ser humano al transmitirle conocimientos y al devolverles la salud. Nada más satisfactorio que ver a un niño entrar por primera vez a la escuela y que al finalizar el año lectivo salga leyendo y escribiendo. Nada se le compara. Exactamente sucede con un enfermo y llega a buscar la sanidad y deposita toda su confianza en un ser humano que se preparó para aliviar o erradicar su problema de salud.

Nuestros maestros son verdaderos apóstoles, se arriesgan en los poblados lejanos de los centros urbanos, se sacrifican por servir a la niñez de Honduras. Pero, ¿qué espera un alumno de su maestro? Muchas las personas preguntan al respecto, entre ellas madres y padres de familia, pero también no pocos maestros y directores de escuela de diferentes niveles educativos. No es sencillo alcanzar un consenso razonable y operativo, que nos sirva para actuar en consonancia ya que nuestra población es prácticamente un mosaico con nuestras etnias y las costumbres de cada zona. Los buenos docentes estimulan a sus estudiantes para que lean y estudien de manera independiente, y siempre les dan oportunidad de que se expresen, de que comenten en la clase sus lecturas. Un buen maestro es paciente, tiene sentido del humor, pero nunca inhibe a un alumno, nunca lo ridiculiza ni se mofa de él. A eso nos referimos, sabemos que a veces hay condiciones laborales injustas y como seres humanos tiene el derecho a protestar de la forma más conveniente y no convertirse en manipulados agentes del desorden. En ese mismo momento dejan de ser una cosa para convertirse en otra, totalmente opuesta.

Por otro lado, un paciente espera de su médico seguridad, sentirse confiado, sentirse cómodo, pues de lo contrario el paciente podría omitir información importante lo que podría causar un diagnóstico erróneo. El paciente también espera empatía, o sea que el médico le comprenda, que se ponga en el lugar del mismo, que sepa desdoblarse para mejorar la confianza para la evaluación para un buen diagnóstico y tratamiento. Espera humanismo, que escuche con atención lo que dice y responde con amabilidad a sus preguntas. Respeta sus decisiones. El paciente es ante todo una persona, así que merece un trato personal.  Sinceridad en las cuestiones que tienen que ver con el diagnóstico, los riesgos, la probabilidad de éxito, costos del tratamiento, etc. Consciencia de la situación financiera del paciente para evitar problemas con facturas que no podría pagar. Merece respeto. Se espera respeto con el tiempo, por lo que no es bueno que hacer esperar demasiado. Todo esto se espera que el equipo de trabajo lo sepa. Analizar todos los detalles de los síntomas. Revisar si la causa de la enfermedad o la incidencia de los síntomas se deben a un problema de depresión, problemas domésticos o al estrés. Son muchísimas cosas más las que se espera de un médico.

Por ello un maestro y un médico son el corazón de una sociedad, en sus manos está el presente y futuro tangible. Están diseñados para ejercer la bondad, no para la confrontación.

 

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