A tiempo - El País

A tiempo

1 junio, 2019 | 5:10 am | Editorial
A tiempo

La ciencia médica tiene un concepto llamado “point of no return” (punto de no retorno) cuando se trata de un paciente con enfermedad terminal y que está a punto de pasar a mejor vida. Mientras los signos vitales sean medibles, cuando se muestran alientos de vida, significa que se debe hacer todo lo posible para rescatar esa vida a pesar de la patología misma, sea cual sea, incluso por algún agente infeccioso. Sin embargo, hay parámetros que indican cuando un paciente ya no tiene más remedio y aceptar esa realidad. Exactamente eso nos está pasando como cuerpo social. Somos un conglomerado de seres que permitimos que esos agentes infecciosos afecten la vida misma de la hondureñidad entera hasta el grado que cualquier indicio de sospecha sesgada se convierte en juicio con el veredicto de culpabilidad incluido.

Para ser honestos, las gestas gremiales pueden tener sus bases de sustentación, sus argumentos, sus razones fundadas. Esto no es el tema a discutir ya que todos tenemos derecho a la protesta y eso es algo que siempre defenderemos como algo sagrado cuando exista un atropello a la dignidad y derechos. La protesta puede tener diferentes maneras, desde un plantón hasta una huelga de hambre. No hay manera de detener a un pueblo que se sienta agraviado, cuando el respaldo es masivo. Sin embargo, todo se ha ido de las manos cuando vemos escenas que no tienen nada que ver con el sentido del reclamo. Son simples actos no deseados en donde se pone en riesgo la vida y la propiedad. No se puede avalar de parte de nadie y más cuando los que se quedan pasivos e impactados por tantas escenas de violencia que nunca en nuestra historia ha ocurrido y que ha venido a adueñarse de nuestros ambientes desde hace dos o tres décadas.

Sin duda todo ello tiene sus raíces y hay un gran mal y para ello debe aplicarse un gran remedio. Nunca estaremos del lado de los violentos, sean quienes sean, porque no es la manera de solucionar un conflicto o desacuerdo. Pobreza, marginación, injusticia, colapso de servicios públicos, abusos, retardo de la justicia, engavetado de procedimientos, caprichos administrativos y otros vicios sumados a las condiciones laborales de muchos compatriotas que pierden las esperanzas y que se convierte en círculo vicioso causante de las migraciones y que todo eso va sirviendo como caldo nutritivo de cultivo para los anarquistas, quienes abanderan sus luchas con vicios que se vienen arrastrando de manera secular y que ya es menester a implantar su erradicación de manera permanente e implacable, de los cuales el mayor es la corrupción.

Mientras se ponen de acuerdo, hay personas lesionadas, propiedades y vehículos destruidos, alarma y desasosiego. Es allí cuando la población reclama al Estado poner orden y no permitir que esas cosas ocurran, como debe ser cuando un país es serio. No se necesita de llegar esos extremos cuando lo que deseamos es la paz. Hoy esas dirigencias parecen asustadas, aunque digan lo contario porque eso se salió del guión original y el grado o no de responsabilidad puede ser sujeto a evaluación. La protesta es válida, hay que animar a ejercer ese derecho que nos otorga la evolución de la civilización la cual debe ser cívica y pacífica, pero ya no podemos tener que pagar los platos rotos; por Honduras, para salvarla antes que sea muy tarde es momento de actuar, todavía estamos a tiempo.

 

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