Así son las cosas en Honduras – El País

Así son las cosas en Honduras

8 mayo, 2019 | 4:10 am | Columnistas
Así son las  cosas en Honduras

Héctor Fortín

R Con la nieve caída sobre mis cabellos me acerco al final de un sueño o de una realidad, como sueño un hermoso recorrido por las galerías ocultas de mi alma. Como realidad una larga pesadilla de continuos desaciertos de renglones torcidos, donde he tenido la desdicha de vivir rodeado de bribones, utópicos e ingenuos.

En estos momentos hay un enorme despliegue de los intelectuales orgánicos, mostrando una grosera irresponsabilidad en tratar de vender por razones de nostalgia una segunda edición del socialismo que fracaso tan lamentablemente; estos señores con su influencia sobre el populacho, siguen causando un daño catastrófico a la sociedad hondureña. Habría que preguntarles y exigirles que contesten con claridad a la opinión pública una pregunta muy sencilla: si todavía está vigente, como utopía y como ideal, el socialismo, ¿qué proponen en términos concretos?

Estos mal llamados intelectuales han ejercido un marxismo de tercera o cuarta categoría, es decir un marxismo de manual, por eso es muy difícil discutir con ellos. Por ejemplo, sobre la revolución cubana que desde 1959 ha causado hasta nuestros días la ruina económica y moral a dicha sociedad, pero no creo que esa degradación intelectual de esa perspectiva socialista, signifique el fin de la esperanza socialista, ni el fin del pensamiento utópico de estos bribones, irracionales, que lo único que reina en sus mentes, es un dogmatismo que los esclaviza.

Despliega un ingenio extraordinario para justificar y prolongar sus errores al escuchar a una señora, presidenta del gremio de los médicos, abordar sus reclamos como tema político se muestra tan incompetente al utilizar un prestigio intelectual orgánico para sostener un punto de vista sobre algo que no tiene un conocimiento particular.

Esta señora por honradez debe callar, porque carece de capacidad para hablar sobre temas políticos. Le pido disculpas si alguno se siente ofendido, pero es necesario decirlo para evitar los mismos errores en el futuro. Debemos abrir los ojos y ver lo que tenemos frente a nosotros, recordando las palabras de aquel pintor griego; zapatero a tus zapatos.

Estos ingenuos quieren llevarnos a un experimento que los cubanos y venezolanos están pagando un precio, que en términos humanos es desmedido, como la pobreza extrema, la prisión, la humillación. Los días 29 y 30 de abril, la burocracia hondureña, salió a las calles, encabezada por sus jefes o caudillos que demostraron que gozan de un tácito título de propiedad privada sobre el destino de sus agremiados y como poseedores del espacio y el tiempo de su subordinados, demostraron el desdoblamiento de esta sociedad en dominantes y dominados, los dirigentes dueños de una personalidad autoritaria destructiva, y el rebaño pusilánimes y conformistas dieron rienda suelta a la pulsión de su carácter de agresividad causando daño a la propiedad privada.

De esa forma mandaron el mensaje, que el afán de posesión es el verdadero núcleo fundamental de todas sus enajenaciones. Ya Carlos Marx decía que la burocracia tiene al estado como su propiedad privada. Esta burocracia es en efecto poseedora del aparato, dueña de las instituciones, monopolizadora en lo fundamental de los ejes centrales de la sociedad política, los que no formamos parte de esa burocracia, estamos marginados de la cuestión publica de sus decisiones fundamentales.

Esta burocracia es la dueña del Estado. Tiene el poder público bajo su jurisdicción y se rige en detentadora de la nación y confisca la libertad de todos y de cada uno de los integrantes del cuerpo social. La esencia velada de estos dirigentes consiste en la justificación del deseo oculto y el afán de ejercer el poder sobre las mayorías y monopolizar los beneficios sociales económicos y psicológicos.

La cara externa tiene algo de verdad. Esa cara son los reclamos que hacen en nombre de la pobreza, es decir es un cóctel de mentiras con unas cerezas de verdad, pero la verdad psicológica es la cara interna de la pertinencia de autoridad para encaramarse sobre toda la sociedad cumpliendo la impulsividad de la pulsión apropiativa. La gran pregunta: ¿Hay autoridad en el país?

 

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