A las playas en Semana Santa – El País

A las playas en Semana Santa

16 abril, 2019 | 5:10 am | Editorial
A las playas en Semana Santa

Un artículo prestado de la Semana Santa anterior: “Sin ánimo de aguarle a nadie su ansiado viaje de Semana Santa o la merecida distracción a que tiene derecho.  El gusto de zambullirse en las cálidas aguas de los mares y flotar al vaivén de las olas que acarician.  “Al fin y al cabo el turismo es una industria, sin chimeneas, que resulta respetable; y el flujo de migrantes especialmente regional, es incontrolable. Las terminales de buses son la evidencia inmediata del fenómeno playero. Lo que deseamos, por el contrario, es presentar la disyuntiva entre aquellos que deciden viajar hacia las playas, y aquellos que se quedan en las ciudades o viajan a los pueblitos del interior del país a conmemorar la vida y la pasión del Mesías, toda vez que expresen, mayoritariamente, ser fieles a la figura de Jesucristo, sean católicos o protestantes. Aunque sea del diente al labio. Porque la cultura conmemorativa, de tipo sacro, tiende a debilitarse con el creciente laicismo y el paso de las décadas, en un proceso de desnivelación de los viejos valores”.

“Sin embargo, la Semana Santa, o Semana Mayor, desde el punto de vista espiritual, es la semana más importante para la cultura y civilización occidentales. Incluso más importante que la linda época navideña. En el contexto de la primavera y de la época cuaresmal, la Semana Mayor se presenta favorable para realizar las más profundas reflexiones sobre el sentido de la vida, el concepto de Dios, la historia y la importancia de los seres humanos diseminados sobre la faz de la Tierra. Es el momento para recordar, a fondo, que hace alrededor de dos mil años existió un Hombre amoroso que entregó toda su misión y su vida para salvar corporal y espiritualmente a la humanidad entera, con una ligera inclinación en favor de los enfermos, de los menesterosos y de los más humildes, sin rechazar a los ricos y poderosos que mostraban arrepentimiento genuino”. “No es posible hacer caso omiso del sacrificio final de Jesucristo para redención total de los desamparados, incluyendo a los pecadores y a los mismos que por diversos motivos le rechazaban. El discurso y la acción del Mesías, es decir, del Verbo hecho Carne según el Evangelio de San Juan, había sido siempre fiel a la letra y al espíritu de las antiguas escrituras, dando a entender que la creación del hombre es la más importante de todas las creaciones de Dios Padre. Por eso la coherencia discursiva hasta el final, como la resurrección de los muertos que aparece profetizada, en el contexto del exilio y retorno de Babilonia, en uno de los textos del Antiguo Testamento, pese a los bellos testimonios de sus seguidores, a veces incongruentes, indirectos o parciales.”

“El sacrificio extremo de Jesucristo bajo la cruz y sobre la cruz, es un llamado a la parte más recóndita y preciosa del corazón humano. Y la Semana Mayor es el momento de cada año en que vale la pena rememorarlo dentro de una visión agridulce de la historia, en que el amor supremo lo justifica todo. La vida estresante, caprichosa, confusa y rapidísima que llevamos las personas en los comienzos del siglo veintiuno, merece un alto en el camino, a fin de meditar sobre las cosas terribles y las cosas buenas que suceden en la vida cotidiana, resaltando el amor al prójimo, el respeto a la naturaleza y las acciones concretas en favor de los enfermos y de los desamparados, sin auto justificaciones falsamente cristianas, en tanto que Jesús demostró con hechos concretos que había que realizar acciones para mitigar el dolor de los humildes, en función de engrandecer el espíritu de toda la gente, al margen de los estratos sociales”. “No hubo ni tampoco hay banderillas políticas, ni mucho menos ideológicas de corto plazo, en el discurso divino del Redentor del mundo. Hay una entrega amorosa total a la causa de la humanidad, con el lenguaje más dulce, más incisivo y más edificante que se haya escuchado en el devenir de todos los siglos”.

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