"me iré de nuevo y entraré por la puerta grande a EE.UU." - El País

“me iré de nuevo y entraré por la puerta grande a EE.UU.”

25 marzo, 2019 | 5:00 am | San Pedro Sula
“me iré de nuevo y entraré por la puerta grande a EE.UU.”

SAN PEDRO SULA. ”Un día vamos a estar juntos otra vez. Los amo”. Esas fueron las palabras que la hondureña Jessica Eliza­beth Lemus Gómez pronunció llorando a sus hijos cuando fue deportada de los Estados Unidos el pasado miércoles 20 de marzo.

Ahora la compatriota, quien lleva cinco días en Honduras, asegura que entrará otra vez al país del norte, pero en esta oca­sión lo hará por la puerta grande.

Jessica Elizabeth recibió a los pe­riodistas de Diario EL PAÍS en la ca­sa de sus familiares, ubicada en la colonia San Juan Bosco de Cofra­día. Aunque se ve bastante afectada, mantiene la fe en que volverá a estar con todos sus seres queridos, espe­cialmente a sus dos hijos, a quienes dejó por enfrentar la deportación.

Jessica tiene 37 años. Dice que al principio se sentía muy mal. Que al llegar aún no lo po­día creer. “Mi gente bella me ha recibido bien. Estoy confiando en Dios en que me iré de nuevo y en­traré por la puerta grande”.

VIAJE CON ESPERANZAS

Recuerda que en el año 2000 partió a Estados Unidos con su hermana María de los Ángeles Lemus, quien en aquel momen­to era menor de edad porque so­lo tenía 17 años y ella ya había cumplido los 19.

Pese a ser dos jovencitas, querían cambiar su presente y forjar su futuro. Trabajar con mucho esfuerzo en aquel país y poder estar con sus padres, quienes les ayudaron a empren­der esa travesía.

Cuando las dos hermanas pi­saron suelo estadounidense las autoridades de la patrulla fron­teriza las capturaron. “Cuando llegamos a la frontera de Arizo­na nos agarraron y nos dieron un permiso para entrar legalmente al país y pelear el caso”.

“El problema de nosotras fue que el abogado en Miami nos di­jo que metiéramos asilo y eso pa­ra los hondureños nunca ha exis­tido. Fue cuando nos entró una orden de deportación en el 2002 y en ese momento empezó nues­tra odisea”.

Jessica comenta que en el 2002, las autoridades de Migración le notificaron que tenía que regre­sarse. Sin embargo, ella no quiso retornar porque quería estar con sus padres María Gómez y José de la Cruz Eliodoro Lemus, quien es residente y está a un paso de obte­ner la ciudadanía americana.

Ocho años después, su herma­na María de los Ángeles fue de­tenida y la ingresaron a un pro­grama en donde tenía que ir a re­visión una vez al año, porque en ese momento le habían puesto un grillete con el que anduvo 18 me­ses. Peleó el caso y logró ganarlo.

“Cuando a ella la agarraron me mandaron una carta como a los cinco años en donde me decían que tenía que ir a Miramar (un lu­gar de Miami en donde está la ofici­na de ICE) y fui. Me sometí al pro­grama y me dieron cuatro permi­sos de trabajo. Tengo mi social (se­curity) y mi licencia de conducir”.

Jessica dice que su error fue empezar a tramitar hasta el año pasado la solicitud de ajuste de estatus, conocido como I-130, la que fue aprobada. Su hermana lo solicitó en el 2010. Ese docu­mento es una petición que hizo su padre, quien es residente en ese país. “Ella ya tiene aproba­do eso y ya no la pueden depor­tar porque le dieron el perdón”.

Para esta mujer su panorama cambió en diciembre del año pasado cuando fue a las ofici­nas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), donde le preguntaron si ya había com­prado su boleto de avión y ella les dijo que no.

“Me dijeron que lo tenía que llevar el 14 de febrero porque ese día me tocaba la otra entrevista. Lo compré aunque no me quería venir, pero mi papá me dijo que lo hiciera porque yo iba a volver a Estados Unidos”, expresa, al tiempo que admite: “hoy estoy pasando esta pesadilla porque tengo a todos los míos allá. Estoy dolida porque he dejado una par­te de mi vida allá, pero volveré”.

Con sus ojos llorosos, esta ma­dre espera que le aprueben su re­sidencia para volver a estar ro­deada de sus pequeños y su es­poso. Menciona que cuando el agente de Migración la dejó en el aeropuerto de Miami le dijo que se apurara a ir a Tegucigal­

pa para que les entregue el do­cumento I-130. “El gringo me di­jo que me apurara. Que posible­mente me iba en seis meses o en un año y estoy confiando en Dios. Esto lo estoy tomando como unas vacaciones y también respetando la decisión de las autoridades de Estados Unidos”, asegura.

Declara que “si en un caso no me pueda ir, pues mi hija puede pedirme, aunque le hacen falta seis años porque apenas cumpli­rá 15 años en abril”.

TRISTE REALIDAD

Desde que llegó al país nortea­mericano la hondureña ha traba­jado duro para cumplir sus sue­ños y darle lo mejor a sus hijos.

Para lograr más ingresos eco­nómicos, la compatriota tenía dos empleos: en uno lavaba pla­tos y en otro limpiaba una casa. “Allá trabajaba limpiando casas y en las tardes iba a lavar platos a un restaurante. La vida allá es muy dura, pero cuando vine me dio pesar abrir la nevera (refri­geradora) y mirar que no es lo mismo”.

“Si volvería a Honduras, pe­ro solo de paseo”. Se le pregunta ¿cómo está su gente aquí?, suelta en llanto y luego guarda silencio por varios segundos. Responde: “Me da pesar ver tanto niño en la calle, verlos descalzos, pobreci­tos. Hay mucha pobreza. A todos los lugares que he ido miro eso”.

En su regreso a la tierra catra­cha la acompañó su mamá María Gómez y su hija de cuatro años.

La señora dice que solo esta­rá pocos días en Honduras y que “en septiembre de este año mi hi­ja cumpliría los 20 años de estar en los Estados Unidos. La acom­pañé porque no quise que se sin­tiera sola, porque aquí solo tengo una hermana y mi otra hija, pero no quería que ella estuviera sola en este proceso tan duro”.

Revela que su hija estaba muy emocionada organizándole los 15 años a su nieta, pero “se canceló todo, porque no hay nada que ce­lebrar. Los niños están tristes sin su mamá”. Por coincidencias del destino, Jessica Elizabeth se ca­só hace 19 años con el hondure­ño Mainor Morel, quien además es de su misma zona, Cofradía.

“Mi esposo es mecánico de ai­re acondicionado. Él está con el TPS (Estatus de Protección Tem­poral) y tiene 29 años viviendo allá. Tenemos tres hijos nortea­mericanos, Jaqueline (14), An­thony (10) y Camila Morel Le­mus (4)”.

Su hijo de diez años padece de déficit de atención severa, por lo que su madre espera que el pro­ceso de migración sea rápido pa­ra cuidar no solo de él, sino de toda su familia. Seis de los ocho hermanos de Jessica Elizabeth viven en aquel país. Lamentan la decisión de las autoridades de migración. “Tengo tres herma­nos que nacieron en Estados Uni­dos. Dos son carpinteros y uno es conductor de grúas”, cuenta con mucho orgullo.

“Despedirme de mis hijos fue algo muy difícil. Estando acá me pasan llamando y me dicen que me exrtrañan mucho. Ellos estudian y por eso no me los traje porque su futuro está allá. Sé que pronto estaremos juntos”. Jessica Elizabeth Lemus

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