Ontogénesis y filogénesis del sometido – El País

Ontogénesis y filogénesis del sometido

22 marzo, 2019 | 1:15 am | Columnistas
Ontogénesis y filogénesis del sometido

Desde la antigüedad la concien­cia individual ha sido una pre­sa codiciada y vigilada por da­mas de compañía que le difi­cultan su libre camino a la plena y verda­dera libertad.

Siempre se ha procurado que se tome conciencia de aquello, que se trasmite co­mo desdicha o injusticia, pero este trasla­do de los problemas humanos (individua­les y colectivos) a la conciencia ajena. No es más que una estrategia que propaga causas en la conciencia colectiva para extender el problema particular a la conciencia general como genuina solidaridad. Es lo que los au­tores clásicos llamaban alienación, sencilla­mente, despoja al individuo de la concien­cia que es fiel y valedera de sus derechos, y lo neutralizan de ser sujeto libre, responsa­ble, productor de ideas y sentimiento, con­virtiéndolo en un verdadero esclavo.

Platón, en su República, invade con el poder político la libertad del sujeto. “La ley no le interesa nada que haya en la ciudad una clase que goce de particular felicidad, sino que se esfuerza por que ello suceda a la ciudad entera y por eso introduce armo­nía entre los ciudadanos, por medio de la persuasión o de la fuerza; hace que unos ha­gan a otros participes de los beneficios con que cada cual pueda ser útil a la comunidad y ella misma forma en la ciudad hombres de esa clase; pero no para dejarles que ca­da uno se vuelva hacia donde quiera, sino para usar ella la misma de ellos con miras a la unificación del Estado”.

Esta doctrina promoderna se extiende a la modernidad, en perverso totalitarismo de izquierda y derecha. Un ejemplo de tota­litarismo es el marxismo. En esta doctrina encontramos el Marx dogmático y el revo­lucionario. Absolutamente irreconciliable. Observemos, sí el determinismo económi­co es cierto, no se puede hacer ninguna re­volución. Si el materialismo dialéctico es un principio absoluto, no existe ningún final, ni tampoco una sociedad sin clases como pro­ducto último de una evolución. Tal sociedad solo sería una etapa del proceso dialéctico permanente.

A pesar que esta doctrina esclavizó a la mitad de la humanidad, todavía hay rescol­dos en la conciencia esclava de muchos nos­tálgicos. Examinemos esta doctrina acerca de la formación del hombre. Según Marx, no­sotros no somos hombres porque Dios nos haya creado. Porque Dios me haya creado como tal y me haya llamado por mi nombre. Según Marx, nos hacemos hombres porque nos integramos en el trabajo social, es decir en la confrontación con la naturaleza de la que obtenemos nuestros medios de subsis­tencia; y solo en la medida en que participa­mos en esta labor nos hacemos hombres, so­mos miembros fungibles, recambios sustitui­bles en todo momento del aparato de medios de producción que es la sociedad humana; según Marx el hombre es creador de sí mis­mo, pero no es individual y menos una per­sona, sino un concepto abstracto específi­co hombre, el hombre concreto no vale, ni cuenta para nada. Para este señor el hombre es una cosa del aparato del Estado.

Con la revolución americana y francesa, los derechos del hombre se hicieron univer­sales y la igualdad dejó de ser un sueño de­lirante y se encarna en la realidad cotidia­na. Estos reformadores sociales incluyen en el ordenamiento jurídico una enorme con­tradicción igualdad, justicia y libertad en la declaración universal de derechos del hom­bre y del ciudadano de la asamblea Nacio­nal Francesa.

No conforme con ocuparse de las necesi­dades de la población, se comprometieron a promover la felicidad de la Nación, sin per­catarse que iban a generar consecuencias in­deseables, paternalismo político, autoritaris­mo intervencionismo, dirigismo, al olvidar en contener el colectivismo y armonizar al particular e invadieron con el poder Políti­co la libertad del sujeto.

Sin hacer la distención entre lo privado y lo público. Por eso surge el estado de Dere­cho, sujeto a la Ley y al ordenamiento jurídi­co y político. Presentándose como el fiador de los valores de seguridad, igualdad y liber­tad. Cuando estas ficciones no son suficien­tes surge el estado de bienestar con nuevas ficciones, los derechos de segunda genera­ción no menos ficciones surgen con el desa­rrollismo con los derechos de tercera gene­ración. Frente a tanta promiscuidad, creo se debe concebir y practicar la autonomía indi­vidual que nos garantice la libertad.

Aquí en nuestra patria, hay un hombre que nos ha derrotado y a la misma consti­tución. ¿Será que Aristóteles tenía razón? Cuando decía que la Naturaleza ha creado unos seres para mandar y otros para obede­cer ¡Oh! Será que genéticamente estamos programados para ser esclavos.

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