Nacionalidad y universalidad del hondureño – El País

Nacionalidad y universalidad del hondureño

11 marzo, 2019 | 4:10 am | Columnistas
Nacionalidad y universalidad del hondureño

Héctor Fortín

Nada más concreto que el hombre y nada más universal que el mismo que es fuente de toda universalidad, aunque siempre se haya pretendido despojar a algunos pueblos y hombres de dicha universalidad, decían que pueblos marginales como el nuestro, al no hacer historia carecen de humanidad y que solo pertenecemos al campo de lo natural, más cerca de lo animal que de lo humano.

Hegel decía: “Que es verdad que tenemos noticias, pero solamente que esa civilización es natural”. Estos pensadores decían que los pueblos al margen de la historia, no tienen más porvenir que el ceder el campo a los pueblos que hacen la historia y parece que los hondureños seguimos creyendo semejante brutada.

No quiero plantear la condición del hombre hondureño desde la perspectiva de sociedad primitiva, sino desde una sociedad secundaria (civilizada), respetando las costumbres, las reglas morales y religiosas, etcétera, abierta a las innovaciones; comprendiéndolas y utilizándolas por el saber racional y así renovarlas y si es posible corregir dichas técnicas culturales y volverlas propias. Por una parte, conservar y defender los elementos culturales nuestros considerados válidos para nuestro desarrollo; combatiendo y eliminando los elementos culturales externos que se hayan convertido en un lastre y promoviendo nuevos desarrollos culturales. Las costumbres y las instituciones no se producen al azar, sino que derivan de necesidades y con frecuencia sobreviven a la necesidad que las creó.

Las instituciones se desarrollan por las necesidades más agudas y en consecuencia es alrededor de esas necesidades que hemos creado instituciones y que se han desarrollado; como la familia, religión, educación, economía y gobierno. A pesar de ser creadores y portadores de nuestra cultura, hemos sido víctimas de los grupos minoritarios: primero, los españoles y a partir de mediados del siglo 20 por la minoría árabe, dándose un fenómeno atípico, en otros países el grupo mayoritario es dominante y tienen prejuicio y discriminación sobre los pequeños grupos étnicos y los perciben como inferiores; aquí resulta lo contrario, los grupos minoritarios nos han sometido a la impotencia y subordinación, así como también a prejuicio y discriminación por medio del racismo. Parece que el espíritu de Grant del Chamberlain y del Conde Joseph Arthur de Gobineau golpean fuerte al hombre hondureño. Por eso desconocemos que no es la raza lo que da origen a una civilización; sino que es la civilización que da origen al pueblo.

El hondureño a lo largo de la historia ha creado una cultura, y una de ellas inmaterial, basada en el conocimiento y un componente normativo que consiste de valores, normas, costumbres, folclor, tradiciones y leyes, etcétera, pero como cualquier observador nos damos cuenta del abandono continuo de ella y por ende de un desprecio por lo nuestro, volviéndonos vasallos permanentes. Olvidamos que la civilización es un producto de la cooperación de todos los pueblos y que es nuestra herencia y nuestra deuda común, porque la civilización es un producto del hombre, no la tierra.

No soy un etnocentrista y no buscó chivos expiatorios. Buscó armonizar ese pluralismo cultural que conlleve a enaltecer lo nuestro para acabar con la desigualdad en el campo económico, político. Que nos sirva para acabar con el rencor, ya que por la composición social y por nuestra realidad, Honduras ha sido y es campo propicio para el desarrollo del resentimiento. Es urgente y necesario acabar con los privilegios de las minorías, a costa de los sacrificios de las mayorías, excluidas por prejuicios raciales y así eliminar con el cuadro de resentimientos.

Creo que nosotros hemos alcanzado la mayoría de edad, formamos parte de la universalidad, somos ciudadanos universales; hemos contribuido a la solución de los problemas del mundo, que también son nuestros problemas; solo queda la tarea de emanciparnos de la parte mental para romper con los prejuicios raciales y los sentimientos de inferioridad, hipocresía y cinismo.

Solo me resta hacer un llamado al pueblo a valorar a nuestros pensadores, escritores, poetas, juristas y hombres de ciencia, que son tan grandes como cualquier europeo o americano, ¡Honduras es grande!

 

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