Una idea genial – El País

Una idea genial

20 febrero, 2019 | 4:10 am | Columnistas
Una idea genial

Héctor Fortín

He tenido la dicha o quizá la fortuna de haber leído un artículo del señor Segisfredo Infante en el diario La Tribuna, donde expone con claridad meridiana la innegable realidad de los políticos a estos señores que desconocen lo más elemental de esta ciencia o arte.

Dice Segisfredo, que es de urgente necesidad exigirles a estos señores recibir un diploma de Ciencia Política. Me parece una gran idea, aunque para la mayoría de estos señores les parezca una idea descabellada, hay que tratar de comprenderlos, porque la vida es un amasijo de contradicciones y es que solo a los muy superiores o a los muy estúpidos les es dado no admirarse de nada. Confieso que no pertenezco a dicha especie, vivo distante de estos seres, porque de súbito medito para considerar el destino de nuestra Honduras y contemplo la verdad distante de los cuatro puntos cardinales de mi patria.

Pienso que el político hondureño es ignorante e imprudente. Basta escuchar los términos de su conversación que lo delatan como verdadero salvaje, víctima de la ignorancia, estos vagos dedicados a la política, escriben lo que no piensan y quieren hacer creer a los demás lo que ellos no creen.

Sus horizontes son limitados, por eso desprecian la tradición política, y presumen con orgullo insufrible su formación de tontos, de otra manera conocerían la obra “La Política” del maestro Aristóteles, que dice que lo más importante de todos los bienes es el estado y la asociación política y comprenderían, “que la justicia es una necesidad social, porque el Derecho es la regla de vida para la asociación política y la decisión de lo justo, es lo que constituye el Derecho”.

Todo indica que la demagogia del político hondureño haya hecho que el pueblo conciba al Estado como una entidad aparte de la sociedad, con una vida autónoma independiente, separada de los miembros de la sociedad con su poder propio. De esa forma nos exime de responsabilidad y de la contribución de nuestra parte con el Estado, dejando el camino expedito para reclamar toda una gama de realizaciones, olvidando que el Estado no es algo fuera y por encima de nosotros, sino una realidad de la cual formamos parte y que el Estado es una identidad cuya vida y poder depende de la actividad productora de sus miembros. Solo así sabremos hacer algo si contribuimos económicamente para ello y que el político se dé cuenta que el dinero del Estado no le pertenece.

Creo que un diplomado en Ciencia Política sería insuficiente para el conocimiento de la historia de las ideas políticas. Habría que enseñar los lazos existentes entre las ideas y teorías políticas y la concepciones jurídicas, filosóficas y religiosas y el vehículo existente entre éstas y las instituciones de la sociedad como resultado de la creación consciente de la clase dominante en consonancia con sus concepciones políticas y que dichas concepciones políticas y jurídicas y sus instituciones deben ser examinadas no como algo eterno e inmutables, sino en su renovación y desarrollo continuo.

Un curso de política es necesario que empiece con Platón y su “República” Aristóteles “La Política”, luego con Cicerón con su “República y las leyes” y hacer notar que en ese período los problemas políticos son estudiados desde el punto de vista moral. Platón emplea la deducción. Aristóteles emplea el método de observación. Fue Nicolás Maquiavelo que creó el método objetivo. Bodino desarrolló el método de observación de Aristóteles. Montesquieu la observación sistemática, Alexis de Toequeville la observación profunda y Augusto Comte el método positivo; hasta llegar el siglo XIX donde se crea el nombre de ciencia política, donde se hace el análisis de la vida política, sobre las fuerzas políticas (partidos, grupos de presión, elecciones, influencia del capital de la prensa, estudios de la técnica de administración inspiradas por el deseo de reformas prácticas  y el afán de eficacia, sobre opinión pública sobre las actitudes colectivas). Todos estos estudios son de gran importancia para la ciencia política.

Sinceramente, creo que es difícil educar a la élite política hondureña, porque su irresponsabilidad denota una falta de madurez mental que los incapacita para el aprendizaje. Ese gesto podría llevarse a cabo con individuos que tienen la fortuna de pertenecer a un país donde las ventajas de la ilustración y educación se han hecho conocer.

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