La verdadera clave de la transformación – El País

La verdadera clave de la transformación

5 febrero, 2019 | 5:10 am | Editorial
La verdadera clave de la transformación

Toda la alegría de la niñez y juventud hondureña debido al reencuentro con los amigos y el reconocer a nuevos compañeros es indescriptible con la inauguración del nuevo año lectivo. Indudablemente que este nuevo año trae consigo retos inéditos con la deuda pendiente del Estado en este plano en función de las reformas educativas, en la capacitación continua de los maestros con los consecuentes cumplimientos de compromisos, con las adaptaciones a los planes de estudios que lleven a Honduras a niveles de desarrollo que nos permitan desarrollar toda la potencialidad que se desperdicia entre nuestra población, donde perfectamente podríamos ser un centro logístico, no solo de materias en tránsito interoceánicas, sino de dotación de bienes y servicios que solo puede brindar una sociedad desarrollada.

Los papeles, los documentos, los planteamientos teóricos son maravillosos tal como reza el Currículo Nacional Básico (CNB) en donde se plantea las aspiraciones recogidas de una manera ideal: (1) Formar de manera integral al hondureño y a la hondureña, para que puedan realizar por decisión propia su proyecto de vida y contribuir a la formulación de un proyecto de país, que permita la superación de las condiciones socio-económicas, culturales, personales, regionales y nacionales. (2) Contribuir al fortalecimiento de la democracia, al desarrollo sostenible del país y al mejoramiento de la calidad de vida de la población. (3) Fomentar una cultura de responsabilidad, tolerancia, solidaridad, justicia, libertad y equidad social y de género, en torno a la comprensión de la diversidad de la cultura humana, y el respeto por la convivencia pacífica de y entre los pueblos. (4) Fomentar, enaltecer y conservar los valores de la hondureñidad.

Todo ello permite vislumbrar sin lugar a dudas que eso es lo que ofrece el Estado a la niñez y juventud, e incluso a todo aquel que desea la superación. Donde cabe la cuestión es si acaso esa bella teoría se realiza en los contextos de los pueblos, aldeas, caseríos y todas las comunidades de Honduras en donde en algunos casos (por no decir muchos) se debe acudir a los centros educativos por caminos lejanos y peligrosos. Donde todavía hay escuelas que más parecen pequeños corrales y que solo cuentan con uno o dos maestros. Donde haya escuelas que su infraestructura es más bien una amenaza cierta para sus educandos debido al mal estado en que se encuentran.

No solo es de decir discursos bonitos, la formación de los alumnos es un trinomio alumno-maestro-padre, proporcionando de parte del Estado las facilidades para su buen ambiente, con todas las herramientas pedagógicas brindadas con generosidad y sin aspavientos ya que esa es una obligación y no un logro. Es un derecho más bien para el progreso personal para poder mejorar su propio entorno en lo que llamamos ‘movilidad social’, que es una clave para reconocer a una democracia que funciona para todos sus ciudadanos. Por eso insistimos que la única fórmula en todo el universo, para poder cambiar esos números de subdesarrollo, es la educación.

Otra clave es el papel del padre de familia, ya que siempre se le achaca todo al gobierno o a la escuela. Nada más erróneo que eso. Los padres de familia están obligados a estar pendientes de sus hijos, no solo en asistirles con sus tareas sino con su alimentación, vestimenta, útiles, seguridad, transporte y todo ingrediente que deviene en la responsabilidad propia que se debe ejercer en toda su plenitud, además de transmitirles esos valores que solo se pueden recibir en casa como el respeto, la honradez, amor por la patria, amor al trabajo y el más importante que es el temor a Dios. Desde ya deseamos éxitos a todos los estudiantes e involucrados en este nuevo proyecto anual. Honduras los necesita ahora más que nunca.

 

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