Gratos recuerdos de Don Jaime Rosenthal Oliva – El País

Gratos recuerdos de Don Jaime Rosenthal Oliva

24 enero, 2019 | 4:10 am | Columnistas
Gratos recuerdos de Don Jaime Rosenthal Oliva

Ilsa Trinidad Díaz Espinoza
ilsadiaz_zelaya@yahoo.com

El paso de un ser humano por la tierra se recuerda de diversas maneras. En esta ocasión, a manera de un obituario especial, escribo sobre don Jaime como un hombre que tocó mi vida en momentos especiales, relacionados con mis dos pasiones: la de escribir y la de promover el éxito en los demás.

Eso ocurrió cuando trabajaba en el recordado Diario TIEMPO. Siempre he luchado por mantener mi libertad para escribir lo que siento, veo y creo bajo la bandera de la verdad a la que trato de apegarme lo más posible. Don Jaime supo respetarme. Recuerdo que una vez me dijo:

“Tú puedes escribir lo que desees, aunque yo no esté de acuerdo con unos temas”.

Yo me alegré mucho porque era señal de que mi columna FRANCAMENTE la conocía. Describir a don Jaime como un hombre respetuoso de la libertad de expresión tan difícil de encontrar en estos días fue para mí una gran suerte por la que siempre le estuve y estaré agradecida.

Años después me encontraba presidiendo una empresa de promoción de inversiones y exportaciones y un buen día llegaron los dueños de FYFFES. Me dijeron que tenían interés en comprar banano hondureño, considerado en los mercados europeos como “la crema del mundo”.

Con los días me dí cuenta lo difícil que era entrar en un mercado cerrado y cautivo por muchos años. Nadie nos atendía. Al fin encontré dos grupos que habían denunciado su contrato con suficiente antelación. Se acercaron a mí, y después de muchas acciones llegamos a la realidad que para rescindir el contrato totalmente, era necesario pagarle a la empresa en la famosa Casablanca de La Lima la deuda pendiente, para lo que les dieron a los humildes productores independientes tres días de plazo. Después de visitar varios bancos, llegué a la oficina de don Jaime y le expliqué el problema. Al principio se asustó, pero después me dijo: “Muchacha te has metido en un gran problema, déjame pensar”. Me fui un poco triste de su oficina, pero observé que él se interesó en el tema y que le gustaba el hecho de jugar conmigo la aventura propuesta.

No me pregunten qué sucedió. Hablé con la gente de FYFFES y me dijeron que contara con su respaldo. Esa misma tarde me llamaron de parte de don Jaime para que pasara por su oficina. Al entregarme un sobre, la Secretaria me dijo: “Don Jaime no está, pero me dejó este sobre para usted; ¿no lo va a firmar como recibido?” Al abrirlo no podía creerlo: allí estaba un cheque por el total de lo adeudado por los chicos de la ANBI que sobrepasaba los DIEZ MILLONES DE LEMPIRAS, cantidad que yo le había anotado tímidamente en un papelito que me pasó. Esa noche dormí con el cheque debajo de la almohada y a la mañana nos fuimos con los de ANBI a La Lima y pagamos.

Dice la palabra de Dios que hay que dar testimonio,y eso hago,al recordar la no presencia de don Jaime en las cosas que hizo conmigo sin que muchos se dieran cuenta.

 

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