¡ESOS CUBANOS! - El País

¡ESOS CUBANOS!

23 enero, 2019 | 2:10 am | Columnistas
¡ESOS CUBANOS!

Mario Cálix M.
calixmelendezhn@gmail.com

Los médicos cubanos, que vinieron, poco después del paso del huracán Mitch, por deferencia especial del comandante Fidel Castro hacia este país, abatido y destrozado por las riadas e inundaciones que destruyeron puentes, energía eléctrica, cultivos de toda naturaleza, muerte a miles de personas y cuantiosos daños a la economía nacional, dejaron una huella imborrable en esta región.

La primera brigada médico-cubana que llegó a esta zona, estaba compuesta por diez doctores, todos curtidos por la lucha contra las enfermedades, sea en Africa o en su propio país. Todos ya maduros e ideológicamente formados. Fueron distribuidos en las comunidades rurales.

A su llegada, la alcaldía de la ciudad les ubicó en una casa donde residían, dotados de agua potable, aire acondicionado, estufa, comida, electricidad, televisión por cable e Internet. Varios de ellos se ganaron la simpatía de los pobladores.

Varios de ellos consiguieron novia mientras permanecieron aquí. Se les veía muy amorosos con su nueva pareja, caminar agarrados de la mano, vistiendo -casi siempre- pantalones cortos y camisetas para soportar el gran calor tropical que se mantiene la mayor parte del año. No dejaron hijos -a excepción de unos dos o tres- tratase de mujeres profesionales o no. Es que son de las “ya quedadas”, que no podían concebir, según comentarios de una profesora chismosa.

A menudo eran invitados a casas particulares a departir -comida y bebidas embriagantes- que todos degustaban con enorme placer. La primera sensación que causaron en sus interrelaciones con los colegas nacionales se registró en la invitación que les hicieran para celebrar el día del Médico Hondureño.

Los doctores nacionales que laboraban en el hospital de la ciudad, el centro de salud o que daban servicio en sus clínicas particulares entregaban su contribución monetaria para poder celebrar en grande el día consagrado a ellos. Generalmente, realizaban el encuentro en casas grandes y bien acondicionadas del perímetro urbano o en alguna hacienda cercana que tuviese facilidades para ello.

Ese día había carne de res y de cerdo en abundancia en unas enormes tinas de plástico, ya adobada, además de gran cantidad de chorizo olanchano y, no digamos cerveza por decenas de cajas, rones de distinta clase y una que otra botella de whisky.

Los cubanos llegaron a la hora puntual de la convocatoria, causándoles suma extrañeza la tardanza en llegar, una o dos horas después, los médicos nacionales. Se les explicó que a eso le llamaban “la hora hondureña”, no concebían tanta mala crianza.

Empezó el jolgorio- baile y música caribeña dominaban el ambiente- y algunos elaboraron el famoso “mojito” para que lo conocieran los locales. A la carne asada de cerdo, res y chorizos fue lo que más atención le prestaron los cubanos. Cada uno de ellos se comió por lo menos cinco yardas de carne. Todos los presentes entendían que ese alimento, en la isla, era racionado y allí estaba a la mano y, en ¡abundancia!

(CONTINUARÁ…)

 

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