MATALASCALLANDO: El inspector de ardillas - El País

MATALASCALLANDO: El inspector de ardillas

12 enero, 2019 | 4:10 am | Columnistas
MATALASCALLANDO: El inspector de ardillas

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Don Quijote de la Mancha.

Ing. Carlos Mata
cmata777@hotmail.com

Vaya desbandada la que tiene nuestro entorno natural. Aquí nomás en el Cerro del Espíritu Santo (o simplemente llamado “El Merendón”). Toda especie animal que pueda salvarse, simplemente lo hace por simple instinto. El hábitat de éstos ha sido prácticamente destruido y podría renovarse, pero pasaría al menos tres o cuatro generaciones para que esta porción de la cordillera antes aludida vuelva a ser y estar como antes, cuando al amanecer y atardecer nos sinfoniaban cientos y cientos de zorzales y aves de todos colores y tonos canoros.

Nadie me refuta eso, hoy lo que oímos son graznidos de zanates, vuelos de cutes (ave nacional según el egregio escritor de verdad don Armando García), y de ahí pare de contar, no hay más en este caliente pedazo de paisaje.

Es allí donde un acucioso ambientalista, cuyo nombre no quiero recordar, acusó severamente un regaño de abuela amargada cuando una bonita muchacha llamaba a unas ardillas que pasaban frente a su casa y bajaban de un poste de alumbrado público. Les daba guineos y pedazos de manzanas que quedaron del treintaiuno. Pues resulta que el susodicho ecologista muy acertadamente preguntó a todos si alguien sabía del porqué de tanta ardilla en San Pedro Sula. Nadie tuvo más que ocurrencias como respuesta (de mala calidad, por cierto, algo así como chistes de policía) y el amigo simplemente nos respondió que eso se debía al antinatural y desalmado descombro de las faldas de nuestras montañas. Nos explicó que aquí frente a nosotros, lo que vemos no es tocado (ni tanto) por eso se ve verdecito, pero al otro lado, la cara occidental de la cordillera está prácticamente arrasada y esa es la razón de tanto animalero que no deja guayaba, mango o aguacate vivo.

Pero cuidado, nos dijo el protector del verdor, porque las ardillas transmiten la misma cantidad de enfermedades que una rata. El peligro radica en que las personas encuentran a las ratas repulsivas y las ratas huyen de los humanos, mientras que las ardillas no. Muchas personas se acercan a las ardillas y les dan de comer, esto hace que los roedores se familiaricen con la presencia de humanos y que el contagio de algún parásito o la transmisión de alguna enfermedad sea más probable. Ese es el asunto de cuidar, sobre todo a los niños ya que podrían familiarizarse y jugar con ellos y fácilmente ser inoculados con algún bicho que porten. Ojo con eso.

Ah, pero eso no termina allí. ¿Se ha fijado que de repente funciona mal su teléfono fijo, de los de antes, de los que ponía Hondutel? Sabemos que en muchos hogares se usan estos aparatos. O de repente hay un apagón en la zona y no se había programado y de grolis le caen maldiciones a la ENEE y a la novedosa EEH. ¡Pues no! La causa fue una ardilla. Sí. Les gusta roer cables de lo que sea. Por esa y muchas razones más no se confíe de las ardillas, tal como nos lo dijo el inspector, aparte de su apariencia graciosa nada bueno le traen, aparte de que su graciosa presencia nos delata la triste realidad de la destrucción de nuestro Cerro del Espíritu Santo.

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