El Benque, epicentro de la prostitución en el centro - El País

El Benque, epicentro de la prostitución en el centro

7 enero, 2019 | 7:20 am | San Pedro Sula
El Benque, epicentro de la prostitución en el centro

MUJERES DE TODO EL VALLE DE SULA LLEGAN AL ANTIGUO BARRIO SAMPEDRANO

A cualquier hora puede verse a muchas jóvenes en sus esquinas o en las entradas de hoteles y cantinas. Aseguran que han escogido esa parte de la ciudad porque se sienten seguras.

Se juntan en grupos, sin distraerse, en las esquinas del barrio El Benque, uno de los más antiguos de la ciudad y que antes era hogar de muchas familias de clase media. Están al acecho del movimiento de los transeúntes.

Se visten con “shorts”, vestidos o faldas extremadamente cortas. Usan el cabello suelto y su rostro aunque esté cargado de maquillaje les delata que son menores de edad, aunque también llegan algunas que rondan los 50 años.

Muchas mujeres dedicadas a la prostitución llegan a diario al Benque, donde se destaca un movimiento comercial gracias a negocios de comida, pulperías, cantinas, tiendas de ropa y hoteles.

Las jóvenes aseguran que esa variedad de negocios les permite sentirse seguras para “trabajar” porque acuden toda clase de clientes. La mayoría provienen de El Progreso, La Lima, Choloma, Villanueva, Cofradía y de algunas colonias sampedranas.

Las esquinas de las cantinas son los lugares estratégicos. Las menores llegan en horas de la mañana y antes de iniciar sus trabajos se alimentan, usualmente con pan y refresco.

EN BUSCA DE CLIENTES

Al observarla por la espalda perecía estar desnuda. Su cabello negro y largo cubría su blusa roja y un pequeño short de yin. Su piel blanca y bien formada la hacía destacar en un grupo de cinco mujeres.

De su brazo derecho colgaba una cartera que no dejaba de mover. Solo habían transcurrido cinco minutos ubicada en una esquina, cerca de una cantina, cuando llegó un hombre y le tocó la mano.

Ella inmediatamente le dijo: “400 lempiras si querés”. El hombre asintió con la cabeza y se dirigieron hacia un pequeño hotel. Nueve minutos más tarde ya estaba de regreso.

Mientras caminaba hacia sus compañeras hacía gestos de desagrado. Don Juan es el propietario deuno de los negocios del sector. Asegura que las muchachas trabajan de “eso” porque no tienen alternativa, y que depende de la necesidad de cada una para establecer sus horarios.

Varias comienzan a trabajar desde las 5:00 de la mañana hasta la medianoche.

EL COSTO DEL PLACER

La mayoría de los clientes que frecuentan la zona son personas mayores y circulan a pie, otros en bicicleta. Estos pagan alrededor de 300, 400 y hasta 500 lempiras por los servicios de las jóvenes. Otros clientes llegan en carro y pagan entre 700 y 1,000 lempiras.

Don Juan aseguró que a estos últimos “por ese precio les deben hacer de todo y sin límite de tiempo”.

Otro comerciante del lugar dijo que “unas muchachas andan sin comer, me dan gran lástima y todas, desde la más joven hasta la más vieja, tienen hijos. Algunas de ellas las manda el marido a trabajar, otras viven con amigas o familiares y también las mandan a que hagan algo de dinero con sus cuerpos”.

Las más jóvenes se juntan en algunas cantinas. Allí aprovechan para maquillarse, peinarse y antes de iniciar labores deciden alimentarse, con un pan y un refresco.

En El Benque no solo se mueve la prostitución, sino la droga, pues en las esquinas del barrio las mujeres venden el producto.

NO ESTÁN SOLAS

Otra de las jóvenes, muy bonita, de cabello castaño claro a juego con un vestido corto atigrado, afirmó que no están solas, ya que hay hombres que rondan la zona para cuidarlas y que todas tienen nombre de oficio, entre los que más destacan están: Lupe, Andrea, Carla, Carol, Rosa y Lilian. La joven dijo que vive en el barrio Sunseri, “trabajo en la calle, camino todo el barrio para hallar clientes”.

Ella tiene 18 años, sin embargo, aparenta 14. Dice sentirse satisfecha realizando ese trabajo porque el barrio le da seguridad.

Vecinos del Benque revelaron que los patrullajes policiales se realizan a toda hora y que los mismos aprovechan los servicios de las menores para satisfacer sus necesidades sexuales.

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