Navidad sin precedente – El País

Navidad sin precedente

4 enero, 2019 | 2:10 am | Columnistas
Navidad sin precedente

Mario Cálix M.
calixmelendezhn@gmail.com

Nunca en esta ciudad hubo tanto encendido de cohete, mortero, chispas, bengalas, “tumbacasas” y luces multicolores en las recién pasadas noches de Navidad y de la venida del Año Nuevo, a pesar de la escasa circulación monetario que se registra, lo cual mantuvo comiéndose las uñas a los comerciantes, grandes y pequeños.

En la Nochebuena, la reventazón de cohetes, morteros, bengalas y otros ruidosos elementos de pólvora en este lugar, tuvo una duración diez minutos -con reloj y celular en mano- y en la venida del nuevo año, la “ceremonia” se extendió por más de veinte minutos y, todavía a la una, se escuchaban los cohetillos que encendían niños de corta edad en los barrios más pobres de casas sin repello y sin pavimento.

Aquí no está prohibido celebrar la Navidad y el recibimiento del nuevo año de esa manera, pero este año los ciudadanos gastaron o quemaron miles de lempiras en la confección de monigotes para atiborrarlos de pólvora, morteros, luces de bengala, cohetones que sacuden el suelo y causan sobresaltos a los vecinos que no saben en qué momento harán uso de ellos, como nunca se había visto.

Hoy, estas ciudades y pueblos se mantienen en franca pobreza con escaso circulante por la partida forzosa de aquellos que dijimos, que mantenían empresas en pleno funcionamiento, al grado que muchas de las subsidiarias de las casas matrices de “comidas rápidas”, bancos, venta de automóviles, repuestos, motocicletas, ferreterías, etcéteras estaban en pleno apogeo.

Hoy, varios lugares se han convertido en pueblos y ciudades abandonadas: gente que se ha ido en busca de un sueño perdido, copar otras ciudades más grandes para encontrarse que allí está peor la cosa y no hallan para agarrar, más que una pobreza mayor a cuestas.

Los monigotes -manifestación de inconformidad social y de indignada protesta- confeccionados por los vecinos, unos con mayor sentido artístico que otros, retrataban al mandatario norteamericano de apellido Trump y de aquel que dijimos que todo mundo sabe de quien se trata, que no hallan -a estas alturas- pito que tocar, fueron encendidos en una algarabía que se escuchaba a varias cuadras a la redonda. Fue tanta la pólvora encendida que por varios minutos no se podía mirar el panorama nocturno cercano, solamente, al fondo, se podía ver, las lámparas del servicio eléctrico público.

¿Cómo es que no hay dinero para comprar vestido -los bultos abaratan y visten a los pobres y a la clase media-media- comida y medicinas, pero sí hay para recargas de celulares y, en gran medida, para cohetes y morteros navideños? Es la pregunta de los comerciantes -grandes, medianos y pequeños, pero todos coinciden en que lo acontecido en esta ocasión -por vez primera- es que la desarmada ciudadanía cuenta con esa única muestra de poder manifestar su indignación  por el alto costo de la vida que acogota a todos por igual: encender cohetes y morteros, escuchar el estampido que casi revienta los oídos, pero con ello quieren decir ¡basta ya!

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