A nadie le importa - El País

A nadie le importa

23 noviembre, 2018 | 4:10 am | Columnistas
A nadie le importa

Mario Cálix M.
calixmelendezhn@gmail.com

Aquí todo sube de precio sin que alguien proteste o se perciba la intervención del Estado a través de sus organismos y entidades correspondientes en defensa del consumidor o del ciudadano de a pie.

Pero eso no ocurre cuando los productores de leche reclaman un incremento al precio del litro del lácteo crudo -es decir de leche pura, recién extraída de la vaca-, aduciendo que los ganaderos son ingratos al no permitir dicho vital alimento para los niños hondureños, pero la realidad es que éstos no desayunan con leche o la toman durante el transcurso de cada día, sino que se atiborran de refrescos embotellados por decenas de litros, que se ha comprobado que son dañinos para su salud.

Resulta que, al momento de exigir un incremento de 50 centavos por litro de leche, las plantas procesadoras le elevan de uno a dos lempiras por producto terminado y éstas negocian posteriormente reconocerles a los productores lo exigido. El período puede prolongarse entre cuatro a seis meses para reconocer dicha petición negociada.

Actualmente, las procesadoras pagan entre 9 a 11 lempiras por litro al ser refrigerada y reconocen varios tipos de ese producto: a, b y c, dependiendo del grado porcentual de calidad: grasa y otros. Las mismas imponen medidas sanitarias diversas que los ganaderos deben cumplir para ser merecedores de proveer dicho producto, lo cual requiere inversión adicional, pero eso tiene la finalidad de asegurar un buen producto al consumidor final, lo cual es bueno y necesario.

Dichas plantas anteriormente recogían y transportaban la materia prima (leche) a sus centros de procesamiento sin costo alguno, pero ahora los proveedores (ganaderos) se ven obligados a pagarle a la misma planta el transporte de su producto (leche), lo que reduce en gran medida la captación de dinero para invertir en la misma hacienda.

Los productores de leche o carne sufren las consecuencias de la constante elevación de los precios de los insumos agrícolas, sin que ninguna organización gremial o del Estado vele por sus intereses, a pesar de que absorben elevada cantidad de mano de obra no calificada, que es la mayoría del trabajador nacional.

Por eso los negocios veterinarios surgen como hongos en los pueblos y ciudades. Además, los mismos ganaderos -en su mayoría son pequeños propietarios de fincas- han tenido que soportar el alza permanente del salario mínimo de los trabajadores del campo, lo cual agudiza su crisis.

Existe un ciclo anual que consiste en que las plantas procesadoras, al lograr la importación de miles de toneladas de leche en polvo, a bajísimo precio, adquirida en Nueva Zelanda o Europa -donde se subsidia al productor-establecen reglas severas para reducir la cantidad de compra, con lo cual logran millonarias ganancias en perjuicio de los ganaderos nacionales. Iguales situaciones atraviesan los productores de granos: maíz y arroz.

A eso hay que agregar que no se pueden vender los terneros machos ya destetados porque no hay exportación de ganado en pie y, el precio de la carne ha bajado como un perjuicio adicional.

 

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