El grito desesperado de la naturaleza – El País

El grito desesperado de la naturaleza

21 agosto, 2018 | 4:10 am | Columnistas
El grito desesperado de la naturaleza

Fabiola Elvir
felvir.renova@gmail.com

Como habitantes de esta tierra debemos recono­cer que somos privilegia­dos al contar con diversos paisajes que llenan nuestros días de admiración. Tenemos la dicha de po­seer Océano Atlántico y Océano Pací­fico, puertos al norte y al sur, monta­ñas con hermosos parajes, valles fruc­tíferos, un paradisiaco lago que es el punto de convergencia familiar y la parada obligatoria para quienes tran­sitan por la carretera del norte. Y qué decir de las hermosas Islas de la Bahía que cautivan a nacionales y extranje­ros con paisajes encantados que to­can hasta el corazón más endurecido.

Podría extenderme y seguir enu­merando los múltiples sitios de en­canto de nuestra amada tierra, pe­ro quiero aprovechar el espacio pa­ra exponer un tema que está a la vista de todos pero que, en el afán cotidia­no, ignoramos, de manera involunta­ria y quizá en algunos casos volunta­riamente. Me refiero al grito deses­perado de la naturaleza que se mani­fiesta en sequías prolongadas o llu­vias extremas que en algunos casos cobran vidas humanas. Me refiero al grito desesperado de los mares que hospedan toneladas de desechos, cau­sando un terrible daño a la vida sub­marina. Calles llenas de basura man­chando de manera infame el paisaje de nuestras ciudades y pueblos, como si se derramara tinta sobre un hermo­so cuadro de un famoso pintor.

Así es estimados, hemos llegado al punto de la indiferencia y del que­meimportismo con respecto a estos temas. Vivimos el día a día sin es­tar conscientes que existe un maña­na. Teniendo a la vista tantos ejem­plos dignos de imitar, tal es el caso de las hormigas, quienes trabajan duro y en equipo con una increíble orga­nización en sus colonias, preparán­dose con provisión para soportar el invierno.

Realmente es increíble la sabidu­ría que nos muestra la creación. Ca­da especie permanece en su hábitat y de ella depende otra especie y así sucesivamente las cadenas se sostie­nen entre sí, con el equilibrio nece­sario para que haya vida y bienestar. Pero el ser humano, de manera egoís­ta, únicamente piensa en sí mismo sin darse cuenta de que en sus manos tie­ne acciones que traen respuesta a su entorno.

¡Es tiempo ya! de cambiarle el rumbo a nuestra actitud. Es tiempo de decidir ser parte de la solu­ción y permitirnos tener la satisfacción de que nos alcancen los días en esta tierra para traer respues­ta y prosperidad a nuestros hermanos hondureños. No es cuestión solo de los protagonistas de la historia. Es cuestión del que se encuentra también en el anoni­mato, de aquel que pasa desapercibido. En realidad, es cues­tión de todos.

Volvamos nuestros ojos al diseño original, donde se nos asignó la tarea de ser mayordomos de la creación entera. Démonos la oportunidad de iniciar un rumbo diferente, un rum­bo marcado por la responsabilidad, la bondad y el compromiso, donde nuestro sello sea la perseverancia y la determinación y nos recuerden el día de mañana como agentes de cam­bio en este sitio donde hemos nacido.

Nuestra amada Honduras es tie­rra hermosa, llena de riqueza, de his­toria y tradición. ¡Tierra de personas nobles y de gran corazón y es que así somos! Por lo que no me queda más que decir: “Bendiga Dios la pródiga tierra en que nací”.

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