Educación y salud – El País

Educación y salud

15 agosto, 2018 | 2:10 am | Columnistas
Educación y salud

Mario Cálix M.
calixmelendezhn@gmail.com

Desde los griegos pa­ra acá, los gober­nantes le han dado gran importancia a la educación y la salud, lo cual lo encontramos en textos traí­dos con el paso de la historia y con la cultura oral, proveniente de nuestras culturas ancestrales.

Los jefes aztecas, desde su ca­pital, enviaban a delegados espe­ciales a las provincias mesoamericanas, con el pro­pósito de dar con el paradero de los niños más inteli­gentes para terminar de educarlos en los palacios de Tenochtitlán, surgiendo de esa manera los nuevos escribanos, sacerdotes, estrategas de guerra y cien­tíficos. Lo mismo ocurría con las medicinas obteni­das de árboles, frutas y plantas de los bosques de la región para destinarlos a la prevención y recupera­ción de la salud de sus mandatarios, fieles y esclavos.

No se sabe de donde surge tantas personas con cáncer de distinta naturaleza en este país enfermo. Las salas especializadas para ello, en los centros pú­blicos, privados y del Seguro Social, se mantienen lle­nas siempre. Poder conseguir una cama para internar a un enfermo, en todo centro público, cuesta un tana­te de vueltas y papeleos que a cualquiera desespera.

Mientras, en el interior de la sala, cada día mue­re uno o dos enfermos de cáncer (sea del estómago -páncreas, riñón, hígado, colon- derrame cerebral y otros). Las enfermeras, médicos practicantes y los especialistas recorren a menudo las salas, revisando uno por uno a sus pacientes, lamentando que no ha­ya suficiente aparataje médico de alta tecnología su­ficiente -respiradores electrónicos y despertadores del corazón- al igual que la canti­dad de medicamentos para aten­der en debida manera a centena­res de personas.

Es notoria la dedicación hu­manitaria y la alta sensibilidad con la que se atiende a los en­fermos en el San Felipe, donde a los familiares se les permite es­tar atentos a sus enfermos, inclu­sive dormir a su lado cuando el caso es de gravedad y que requiere una atención per­sonalizada, también puede darle alimentos de afuera porque la comida del lugar no es abundante -huevo, frijoles, vaso de sopa de vegetales o de pollo, tortilla de poco diámetro y muy delgadas, pataste, arroz, un vasito de avena-, siempre en una ración equivalente para un niño de cinco años.

Eso nunca, ni soñar en el hospital Escuela, dijo la hija de un paciente proveniente de Las Trojes, quien sostiene que allí predomina el caos, inclusive le roban las cosas de valor a los pacientes y no tienen derecho a que sean acompañados por un familiar.

Varias entidades privadas, a menudo conceden donaciones al San Felipe, porque reconocen que es el mejor hospital asistencial del país, donde los mé­dicos sí mantienen vivo el mandato hipocrático, se entregan con paciencia, disciplina y amor a su profe­sión y, no como sucede en el IHSS, donde inclusive las enfermeras no tocan a los pacientes.

En educación ha habido un retroceso de 50 o qui­zás más años, pero aquí se necesita revisar a los su­pervisores y a cada maestro en su aula, pues muchos, pero muchos, no cumplen con su deber de dar cla­ses de verdad.

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