Carnaval del jamo – El País

Carnaval del jamo

4 junio, 2018 | 12:10 am | Columnistas
Carnaval del jamo

Mario Cálix M.
calixmelendezhn@gmail.com

No quiero imaginarme la cantidad de jamos (garrobos e iguanas) que fueron inmolados en el último carnaval, que lleva el nombre de ese saurio y que se realiza desde hace 30 años en la ciudad de Olanchito, cada sábado de la última semana de abril.

A las personas que son muy flacas o delgadas, en mi tiempo, se les calificaba como “vara de jamiar”, porque en otras épocas -hasta mediados del siglo pasado-eran muy abundantes los garrobos en todo el valle, especialmente los negros y colorados en el valle arriba, donde en cada rama de brasilete o espino verde -ya secos o con aguje­ros- se podía encontrar uno o varios saurios.

Eran tan abundantes que se les podía cazar utilizan­do una vara larga, delgada a la que se le amarraba una ga­sa en la punta, con la cual se le pasaba por la cabeza has­ta el pescuezo, para luego halar y allí venía la presa, cal­culándose -de acuerdo a su tamaño- desde ya, el núme­ro de cocos que se usarían en su cocción. A la mayoría de los habitantes de la región le fascina la carne de esos des­cendientes de los grandes especímenes antediluvianos.

Debido a la tala de los bosques, iniciada por la empre­sa bananera al comienzo de sus operaciones, utilizando millones de varas -de unos 3 metros cada una- para sos­tener las plantas de banano y evitar su caída por los fuer­tes vientos y, posteriormente por los ganaderos, que in­clusive han desaparecido varios ríos y quebradas por des­combrar hasta las orillas de los afluentes, a fin de sembrar zacate para sus animales, los saurios se han extinguido en los últimos años.

Es famosa la escena del frenado inesperado de un bus interurbano lleno de pasajeros al ver atravesar la carre­tera una iguana buscando un sitio donde depositar sus huevos. Del mismo salen en forma atropellada el moto­rista, el ayudante y los pasajeros persiguiendo al saurio, dejando abandonado el automotor. Hoy los jamos y pa­rientes son traídos desde lejos: zona sur o de la región de Sico y Gracias a Dios. Su precio es alto, pero no importa, se paga el que sea porque es un plato de dioses. Se le atri­buyen efectos afrodisíacos y de recuperación en la salud deteriorada de personas ancianas.

A mediados de la década de los 90, un alcalde de la ciudad, preocupado por esa situación, inició un proyec­to para la cría de iguanas y garrobos en cautiverio. Al po­co tiempo se percató que no había efecto positivo por­que el vigilante se los comía.

La idea fue excelente, pero no se tomaron las previ­siones del caso. Un carnaval para el consumo desmedi­do del saurio no tiene razón de ser, aunque la finalidad es buena, porque del desenfreno emocional que da la bebi­da embriagante y musical, se perciben recursos financie­ros para apoyar centros asistenciales de salud y proyec­tos de desarrollo comunitario, pero no debiera de dedi­carse solamente al jolgorio, sino procurar establecer me­didas protectoras del saurio o de su cría y preservación.

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