Perdieron sus brazos, pero siguen sus vidas con alegría - El País

Perdieron sus brazos, pero siguen sus vidas con alegría

22 mayo, 2018 | 3:28 pm | San Pedro Sula
Perdieron sus brazos, pero siguen sus vidas con alegría

El accidente que marcó sus vidas, al arrancar parte de sus cuerpos a ella y a su hija, las ha hecho más fuertes. Ana realiza varias actividades, entre ellas conducir un taxi.

“Nunca olvidaré ese día que marcó mi vida para siempre, esa experiencia me ha hecho vivir de una mejor manera, ahora que no tengo mi bracito reconozco que el accidente que tuve fue para morir. A Dios le plació dejarme más tiempo”, manifestó Ana Maribel Rosales Antúnez. Originaria de Catacamas, Olancho, se radicó en la colonia Flor de Cuba en San Pedro Sula desde hace 24 años.

Durante 12 años se dedicó a realizar trabajos de belleza, y paralelamente costuraba ajeno. Con voz entrecortada comenzó a relatar que el 5 de septiembre del año 2016 venía en autobús desde Tegucigalpa, de visitar a su mamá. La acompañaban sus dos hijos. Recuerda que mientras el conductor manejaba, también atendía su celular. Fue en ese momento en que ocurrió el accidente que la dejó sin un brazo.

“Teníamos aproximadamente 20 minutos de haber salido de Tegucigalpa cuando nos accidentamos y fue por una imprudencia de parte del conductor. Para mí lo más difícil ha sido mi hija porque ella también perdió su bracito izquierdo, además el hombro y omóplato. Sufrió un golpe fuerte en la cabeza y estuvo en coma 12 ó 15 días, no sé exactamente cuántos porque me di cuenta hasta el día en que me iban a amputar el brazo y ya habían pasado casi dos semanas de estar internada”, afirmó Ana Maribel.

Dijo que al principio estuvo luchando con la depresión, porque ya no podía realizar los trabajos de belleza que tanto le gustaba hacer. Tampoco podía costurar, se sentía inútil, pero recibió apoyo psicológico y pudo superar la crisis. Su mayor motivación era ser fuerte porque su hija la necesitaba y tenía que apoyarla. Afortunadamente la niña se recuperó rápido.

Ahora, Ana Maribel considera que ocurrió un milagro de Dios porque por la magnitud de los daños pudieron haber muerto. De hecho en el percance murió una persona.

Fernanda, la hija de Ana Maribel, tiene 13 años. Siempre está sonriente. Afirma que cuando vaya a la universidad va a cumplir su sueño de ser abogada. Su carisma e inteligencia la han llevado ha ganarse la admiración de los demás.

Ana maneja con mucha seguridad. Sus pasajeros se sorprenden al verla conducir con una mano y le dan ánimos.

COMO TAXISTA

“Antes del accidente me gustaba andar en moto. El haber quedado solo con un brazo me ha hecho reflexionar mucho y solo digo que la vida es bella y debemos sacarle provecho con el tiempo que nos queda. Pensé en que debía trabajar y dije que aprovecharía el brazo que me quedó. Conducir un vehículo me permite trabajar como taxista y es un logro porque en seis meses de hacerlo ya tengo bastantes clientes” expresó.

Don José Lindolfo Delcid, es el esposo de Rosales. Él trabaja como transportista y le ha ayudado a ella a conseguir varios clientes. Ana Maribel trabaja en una unidad VIP (Very Important Person). Sus pasajeros son turistas que transporta de los hoteles al aeropuerto y viceversa, también hace carreras en la zona céntrica de la ciudad. Por sus carreras cobra 80, 100, 120 y 150 lempiras, según la distancia.

Izquierda: Fernanda antes del accidente. No hay diferencia en su forma de ser, siempre se muestra como una niña feliz. Derecha: La última foto que se tomó Ana con sus dos brazos, poco tiempo antes de abordar el bus que se accidentó.

“No solo trabajo como taxista, sino que también ayudo en la casa con los quehaceres. Me encanta cocinar, pero necesito ayuda porque partir alimentos no puedo, entonces alguien los parte y yo hago lo demás. Aquí nadie come si yo no cocino porque lo hago muy rico” dijo muy sonriente.

Su deseo de superarse le ha hecho ganarse el cariño y admiración de los demás. Los clientes se sorprenden al verla conducir con una mano y eso le sirve de motivación.

“Me dicen que soy una mujer muy fuerte, que siga adelante y yo les hablo de Dios, les digo que mis hijos y yo somos un milagro y que él nos ha dado la oportunidad de vivir y testificar. Mi hija ahora es más inteligente que antes, es admirable y no tiene ningún complejo, es una estudiante normal en la escuela”, aseguró.

Se viste y camina sin ningun complejo, pues se siente satisfecha de seguir viviendo.
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