Injusticia con un "corazón" indocumentado en Houston - El País

Injusticia con un “corazón” indocumentado en Houston

16 abril, 2018 | 9:30 am | Internacionales
Injusticia con un “corazón” indocumentado en Houston

Rafael Cortez, es un catracho que emigró hacia los Estados Unidos. Necesita un trasplante de corazón, pero su estatus migratorio se lo limita. Por ello, podría perder la existencia.

HOUSTON. Después del golpe de Estado que hubo en Honduras hace unos años atrás, Rafael Cortez, originario del departamento de Olancho pero desde niño vivió en San Pedro Sula, se quedó sin trabajo. La vida, de la noche a la mañana se le complicó a su familia, buscando salir de las deudas y de todos los problemas económicos, decidió buscar la solución en los Estados Unidos tal como lo hacen miles y miles de inmigrantes.

“Yo antes del golpe de Estado mantenía bien a mi familia y no tenía necesidad de emigrar a los Estados Unidos, pero buscando darle a mis hijas la mejor vida posible tomé la decisión de buscar una oportunidad de este lado”, comentó Cortez. Al principio, según conoció diario EL PAÍS, su aventura parecía haber sido la acertada, pero lamentablemente una enfermedad del corazón lo cambió todo y hoy se encuentra luchando por su vida en contra de unos enormes obstáculos.

Cortez es uno los millones de indocumentados que radican en este país. Viviendo entre las sombras y con el temor de ser deportado ha estado luchando para tratar de mantener a sus dos hijas en Honduras, pero ahora que su enfermedad lo ha llevado a los extremos de lo difícil que es vivir ilegalmente en los Estados Unidos. Todos los días, Rafael mira como su sueño se convierte en una horrible pesadilla.

SU CORAZÓN LE FALLA

Actualmente se encuentra internado en el Hospital Ben Taub donde está siendo atendido por una enfermedad cardiaca que lo ha dejado con solamente una opción para poder sobrevivir. “Los doctores ya me dijeron que ya no pueden hacer nada por mí, que la única solución en un trasplante de corazón”, dijo Rafael.

El corazón de Cortez solamente funciona a un 40 por ciento debido a lo dañado que se encuentra. Actualmente sufre de un coágulo de sangre; una obstrucción coronaria y neuropatía cardiaca. “Cada vez mi situación es peor, ahora ya no puedo dar 20 pasos sin empezar a sentirme cansado”, explicó.

CRUEL NOTICIA

Si la situación no fuera lo suficientemente desalentadora, pues se enteró el mismo día en que los doctores le comentaron del trasplante de que sus posibilidades de recibir un corazón son casi nulas. Su estatus migratorio lamentablemente limita esas probabilidades de ser colocado en la lista de trasplantes de corazón.

“Los doctores me dijeron que como estoy indocumentado no voy a poder ser colocado en la lista. Dicen que necesito ser ciudadano americano para que me pongan”, comentó el hondureño. Además, los galenos le comentaron que una persona indocumentada si puede donar órganos, pero que muy difícilmente son candidatos para recibirlos. Esto le causa una gran indignación al hondureño pero desafortunadamente para él, esta es la dura realidad del sistema de trasplantes en este país.

El hondureños es visitado por uno de sus amigos en el hospital
donde permanece interno.

SU ESTATUS MIGRATORIO

Cortez no puede recibir un trasplante, por no tener los requisitos que piden los centros de órganos, lo que hace casi imposible que una persona en esas condiciones (indocumentado) sea colocada en una lista de beneficiarios. Un portavoz del hospital comentó que el sanatorio no procede con los trámites de un trasplante y en los centros de órganos explicaron que para que una persona pueda ser tomada en cuenta se tienen que cumplir ciertos requisitos, que están totalmente fuera del alcance de Cortez, o la mayoría de personas indocumentadas.

Primero, se encuentra el obstáculo del seguro médico y como Cortez es indocumentado no tiene acceso a ello y no podría tenerlo en su lugar de trabajo, porque no cuenta con papeles y no es elegible en el mercado de seguros del Gobierno. Segundo, no posee dinero para poder pagar la operación y los gastos a largo plazo que vienen con el cuidado después de que se realice el trasplante. Estas dos barreras prácticamente lo eliminan de cualquier posibilidad de ser candidato. “No me dan esperanza y eso me tiene desanimado. Estoy solo en este país, sobrevivo con lo que me dan mis amigos, porque no puedo trabajar.

No sé qué voy a hacer. Solamente me queda la esperanza de que alguien vea mi historia y pueda hacer algo para ayudarme”, expresó. Además, un paciente debe mostrar que puede cubrir los gastos de los medicamentos costosos que evitan que su cuerpo rechace el órgano.

Si las finanzas del paciente no dan para cubrir todos los gastos, los centros de trasplante no lo consideran como buen candidato, es por eso que difícilmente aparecen indocumentados en las listas de espera. Sin duda, para muchos de sus amigos, es un caso frustrante el de Cortez, porque se trata de un sistema que si recibe donaciones de órganos de personas indocumentadas, pero a la vez les niega el acceso a la lista de receptores para esos mismos órganos. “Yo no me quiero morir.

Tengo una hija de 15 años y otra de 10 no quiero dejarlas, quiero verlas crecer”, concluyó Cortez.

COMENTA ESTA NOTA